Contadores de historias a tiempo parcial con viajes por el mundo sideral

Torre de Hercules
Torre de Hercules

A Coruña, la ciudad que me vio nacer

Dicen que todos los coruñeses somos bien admiradores de nuestra tierra, y evidentemente, yo no me considero menos, si bien creo que puedo no ser la persona más indicada para hablar de mi ciudad, ya que soy de esa clase de personitas que buscan cualquier ocasión para ir a recorrer mundo, a 10 km o a 1000, eso sí, siempre recordando mi ciudad, mi hermosa Coruña, paraíso del mar, y del viento y lluvia.

Quizás no es la ciudad más bonita, quizás no es la más grande ni tampoco la más limpia (oh dios, estoy segura de que no es la más limpia), pero creo que puedo recordar cada centímetro de sus calles cuando lo veo en un vídeo o en una foto, a veces cuando salimos en los telediarios, y otras veces, cuando ves un reportaje de pasada en una revista.

Ahí donde yo nací se entremezclan las sensaciones, el mar, la cebada de la Estrella, el olor a playa, la salitre posándose sobre tu piel, el viento azotando tus cabellos, el sabor de la comida, oh!, dichosa sea esa comida, el barullo de las calles céntricas, el sonido de un concierto en Riazor, el aclamo de los seguidores futboleros en el estadio...creo que cada recuerdo de esos me hace un poco más coruñesa, más vividora de cada rinconcito de ahí donde yo nací.

No es por ello menos importante en mi memoria viajera, y claro está, es el sitio al que irónicamente he hecho más visitas, todo y cada uno de mis días en esa ciudad tienen algo de especial, la gente o el lugar, o incluso la incesable lluvia suave de otoño seguida de las ciclogénesis invernales. Si tuviera que deciros qué hacer cuando vengáis aquí, ¿qué os diría? Os diría que os impregnéis de cada kilómetro de su paseo marítimo, podéis ir al lado del mar, rodeados de gente haciendo deporte y niños disfrutando de la libertad, que visitéis la Torre de Hércules, y subáis todos y cada uno de sus escalones, y lleguéis arriba admirando la imponencia de nuestra ciudad. Allí se dice, hubo una batalla donde un gigante que intentaba asolar la ciudad fue decapitado por aquellos que querían protegerla.

Pero no es sólo esta leyenda importante, no olvidemos a María Pita, cuya estatua reivindica el papel de una mujer defendiendo la ciudad, y allí la encontramos en la plaza principal de la ciudad, signo de fortaleza y heroísmo. Podéis recorrer La Marina, e impregnaros de las galerías, del vaivén de los barcos en el puerto, del murmullo de todos los que allí caminan...e introduciros por las calles de la Ciudad Vieja, que nos recuerda que hubo tiempos pasados, que sigue habiendo tiempos futuros, y que nunca jamás debemos olvidar de dónde venimos para saber a dónde nos dirigimos.

Por toda esa zona y el centro de la ciudad, podéis encontrar sendos restaurantes y bares donde vuestro paladar deleite un poco de nuestra gastronomía, la tradicional, de sabor a mar, pero también de sabor a buena carne. Y como no, también podéis bailar, pero no una muiñeira, que si queréis nadie os lo impedirá, pero podéis bailar y reír hasta reventar.

Se me olvida, también tenemos un parque, bueno, tenemos muchos...algunos más emblemáticos como el de Santa Margarita, otros más mordernos como el Parque de Oza o Vioño, pero sin duda tenemos uno que es digno de mención, el Monte de San Pedro.

¿Qué tiene de especial? Las vistas, podemos ver desde allí arriba toda la ciudad, las baterías que la protegían en tiempos pasados, recorrer un laberinto, jugar con los peques en un parque, mirar hacia el estanque, y como no, caminar por la hierba cerca de un fuerte aroma a mar. Todos tenemos esa foto encima de alguno de los cañones, todos hemos disfrutado de horas al sol allí, recorriendo con nuestras familias y nuestros amigos, disfrutando de las vistas y del aire libre.

Y nunca jamás olvidéis callejear, no son las calles más bonitas a veces, algunas tienen más historias, otras, como en todas las ciudad, ni siquiera presentan interés, pero están llenas de pequeños comercios, localuchos de gente tomando café, personas que tienen ganas de contar sus historias, y otras a las que simplemente admirar imaginándonos la historia de su vida.

Por eso, nunca olvidéis allí donde nacisteis, quizás no es el sitio más bonito del mundo, quizás tampoco el más interesante, pero sin duda es el más IMPORTANTE.

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