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Los baños Széchenyi: un paraíso acuático en Budapest

Estefanía
Estefanía Budapest

He de reconocer que soy una apasionada de sumergirse en agua caliente, no sé si tiene algún tipo de explicación científica o fetichismo raro que me produce placer, pero sencillamente me encanta. Por ello, cuando organizamos nuestro viaje a Budapest y me enteré de que era un entorno termal relevante, supe que visitar Los Baños Széchenyi sería un “must” en nuestro viaje.

Sin duda es una elección que os recomiendo a todos, pero no sólo por las termas en sí, sino por todo su entorno y su historia. Aunque no son las únicas remarcables en Budapest, ya que otros establecimientos termales como los Baños Gellért o los Baños Rudas también son especialmente visitados, con ellas estamos hablando de los baños termales medicinales más grandes de toda Europa. 

Su construcción, realizada en 1913, mantiene la esencia de la decoración Neobarroca de la época, y se encuentra suministrada por dos fuentes de aguas termales de temperaturas entre 25-30ºC. Su localización, inmejorable, dentro del entorno del Parque de la Ciudad, rodeado de naturaleza, con sus 3 piscinas al aire libre y las 15 cubiertas, y con un amplio horario para disfrutar del mismo.

Nosotros decidimos realizar el recorrido andando, por lo que nos adentramos por la enorme Avenida Andrássy, caracterizada por su magnificencia, sus casas de alta sociedad, la amplitud de sus calles y su entorno arbolado, disfrutando del sol calentando nuestra piel y de los sentidos emocionados por la visita a las termas. Sin embargo, otra alternativa es realizar el recorrido en la Línea M1 del metro, y aquí es donde probablemente os preguntéis qué tiene de especial ésta. 

La línea M1 de Budapest es la línea subterránea eléctrica más antigua del continente europeo (inaugurada en 1896), siendo la segunda línea de metro más antigua del mundo; tan importante es, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002. Toda esa historia del metro la podemos ver claramente cuando nos adentramos en ella, y evidentemente no pudimos desechar la idea de hacerlo al volver de las termas. El antiquísimo modelo de metro, las paredes estrechas, los azulejos gastados por el paso de los años, la decoración, los colores…un deleite para nuestros ojos que merece la pena visitar aunque sólo sea para ver el recorrido. 

Pero volvamos al kit de la cuestión, los baños. Por un momento al adentrarme en ello creí volver a la época de principios del siglo XX, creyéndome, no sé, discípula de alguien de la nobleza. El acceso es un poco dificultoso desde los vestuarios, las indicaciones en húngaro no facilitan que te encuentres con nada ni nadie, pero finalmente terminas accediendo a las instalaciones termales. Abrumador es ese momento, montones de habitaciones con piscinas de mayor o menor tamaño, algunas incluso semiprivadas en apariencia, el calor del agua, notar como los minerales se depositan en tu pie, ¡qué delicia!.

Sin duda, ese momento de intimidad (o no tanta, la verdad es que hay bastante gente) en esas piscinas de agua caliente, el entorno, la compañía, la magnificencia y alegría de estar visitando un sitio como Budapest, el parque en el que se encuentra, hacen de ellos un sitio realmente especial…Además, siendo mi último recuerdo de estar allí, mi última cosa visitada en Budapest, creo que no podría haber mejor broche para esa ciudad.

Por ello, si estáis planeando un viaje a Budapest, esperamos que en vuestra lista de cosas para hacer (creedme, serán muchas) guardéis un hueco para visitar los impresionantes baños y relajaros después de un duro día de pateo por la ciudad, aprovechad los horarios amplios, el precio que es bastante asequible, incluso a veces organizan eventos con música o similar, pero dedicad unas horas a descansar vuestro cuerpo y vuestra mente en un lugar inmejorable.

 

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