Ámsterdam y la historia de la galleta que me enamoró

Todos encontramos el amor al menos una vez en la vida, y como no, yo no he sido menos. He de reconocer que soy una enamoradiza, de las personas, de los sitios, de la comida, de la música...y si bien era de esperar que una visita a una de las capitales del sexo y los viajes psicotrópicos generase interés en mi, lo que verdaderamente me volvió loca fueron las deliciosas galletas de "Van Stapele Koekmakerji".

Realmente, soy una facilona en cuanto a dulce se refiere, y evidentemente, ¿qué cabría esperar de una galleta de chocolate rellenita de una crema sabrosa y con la suerte de estar recién horneada? Pues si, amor a primera vista.

Te acercas al local, donde tienes que hacer cola, más o menos larga dependiendo de la hora del día y de la época del año...en mi caso, día de lluvia en pleno mes de Noviembre, y aún así, una cola mediana pero bien organizada. En la tienda hay dos dependientes atendiendo, incluso alguno de ellos habla ligeramente el español, lo cual facilita la tarea. Y te aseguro, desde mi yo más glotón, que sales de allí probando una galleta que te alegrará el día, la existencia, y se convertirá en el deseo de todos tus sueños azucarados.


Pero no sólo encontramos las galletas, por supuesto que no, la oferta de pancakes y waffles de todas las variedades y estilos que os podáis encontrar, hacen de la capital de los Paises Bajos sea también sonada por la excelencia culinaria de sus postres, que vienen a ser otro de los buques insignia de su gastronomía dulce. Puedes encontrar variedades para todos los gustos, y aunque no, creedme, los waffles son ni de lejos como los famosos gofres belgas, no pudimos resistirnos a probar un waffle con fresas en un local casual de la calle más comercial de Amsterdam, Leidsestraat. 


Y para el final, dejamos el más glotón de los desayunos, y no por ello, el menos importante...y nos decantamos por testear en nuestro primer desayuno unas tortitas en la cadena Pancakes, no vamos a negar que económicamente no son los más asequibles (aunque bueno, nada allí lo es en general), pero que delicia al paladar. La prueba de unos pancakes americanos con plátano, almendras y chocolate se convirtió en la aventura gastronómica...y de regalo del desayuno, un llavero con forma de, como no, zueco holandés!

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